La deuda externa demasiado grande con relación al tamaño de la economía debilita las finanzas del país y refleja un manejo inadecuado de la hacienda pública.
La deuda gubernamental, tarde o temprano tendrá que pagarse con los impuestos de los ciudadanos.
Las reservas internacionales aminoran las posibilidades de devaluaciones abruptas y dan solidez a la economía de un país ante los inversionistas de otras naciones.
La inversión extranjera directa refleja la confianza de los inversionistas en un gobierno y la estabilidad de sus indicadores económicos, como la inflación y el tipo de cambio.
Las exportaciones denotan la capacidad competitiva de los productos mexicanos, una mayor inversión, más empleos formales y una mejor logística en el sector exportador.
El aumento de las cuentas bancarias en un país significa que un mayor porcentaje de los habitantes tiene recursos adicionales a los que consume. Lo que puede implicar un mejor nivel de vida y de expectativas que en épocas anteriores.
Los gobiernos financian más del 30% de sus gastos con recursos de PEMEX. Para sanear a esa paraestatal es necesaria una reforma energética que permita la inversión privada, transparente el uso de recursos y la asignación de contratos, y una reforma fiscal que reduzca la dependencia gubernamental de PEMEX.