PRD. ¿CAUDILLISTA O INSTITUCIONAL?

ERRORES DE CAMPAÑA Y DERROTA

Uno de los grandes errores de AMLO fue no asistir al primer debate con la idea de que mantenía la misma ventaja de cuando era el único candidato en campaña. Después del debate, que ganó Felipe Calderón, las encuestas ya no le favorecieron. Su siguiente error fue descalificarlas en lugar de analizarlas y actuar conforme a esa nueva realidad.

Descalificar a quien publica lo que no le favorece, empezó a darle sustento a quienes lo acusaban de no aceptar la crítica, lo que ponía en peligro la libertad de expresión si llegaba a la presidencia. Sus insultos al Presidente Fox también le restaron simpatizantes. Sin embargo, sus asesores le aseguraron que tenía ganada la elección por diez puntos, cuando la mayoría de las encuestas mostraba un empate técnico.

El 2 de julio del 2006 el PAN obtuvo una cantidad de votos parecida a las del año 2000 con Fox. El triunfo del PAN fue en el mismo proceso donde ganó el PRD en el D.F. y muchos de sus candidatos a diputados y senadores en diversos estados de la República. Los asesores de AMLO lo convencieron de que hubo fraude, a la vez que aceptaban, en una clara contradicción, ese proceso en relación a sus triunfos. Descalificaron al IFE por anunciar que Calderón obtuvo más votos, equivalente a matar al mensajero que lleva malas noticias.

Los perredistas afirmaron que había un fraude cibernético, pero no dieron pruebas. Después hablaron de un fraude a la “antigüita”, también sin probarlo. A AMLO le dieron como pruebas del fraude algunos videos que fueron desmentidos por los mismos representantes del PRD, ante las casillas a los que acusó de vendidos.

Al no prosperar esas “pruebas”, los perredistas acudieron a la violencia verbal. Insultaron a los consejeros del IFE y sin pruebas serias los acusaron de favorecer a Calderón. El representante del PRD exhibió ante el IFE 30 boletas como muestra del fraude electoral en todo el país, es decir, con 30 boletas, de dudosa procedencia, trató de convencer que era fraudulenta la elección donde votaron 41.5 millones de mexicanos. Al no tener motivos sólidos para impugnar los resultados dados a conocer por el IFE, sus asesores le aconsejaron pedir un recuento “voto por voto” y “casilla por casilla”.

Según el PRD, la prueba más evidente del fraude era que el actual presidente electo, el que tuvo más votos, Felipe Calderón, no aceptó que se volviera a contar “voto por voto y casilla por casilla”. Cualquiera que conozca la ley electoral sabe que la apertura de urnas y un nuevo conteo no dependen de la voluntad de los candidatos.

El PRD no exhibió ninguna prueba relevante con validez jurídica para fundamentar un nuevo conteo voto por voto o para considerar la anulación de las elecciones. Los dirigentes del PRD lo saben, por ello recurrieron a la violencia verbal contra los funcionarios del IFE y del candidato ganador.

Mediante costosas manifestaciones, que implican gastos de cientos de millones de pesos, trataron de presionar al Tribunal Federal Electoral para que les diera un triunfo que no probaron conforme a Derecho. Sabían también que los 41.5 millones de votos ya se habían contado, “voto por voto y casilla por casilla”.

Los dirigentes perredistas tienen conciencia de que perdieron, pero también de que los fuertes compromisos que adquirieron con contratistas que les dieron recursos, ambulantes, transportistas y miembros de las redes ciudadanas, que llevan gente a las manifestaciones, difícilmente serán cumplidos sin la Presidencia. Es por ello que, ante la falta de pruebas, escogieron el camino del insulto, del grito, de la confrontación, de la manifestación callejera y la amenaza, para tratar de lograr lo que no alcanzaron en las urnas.

Al grupo que asesora a AMLO parece no importarle lo ganado por el PRD en el mismo proceso que descalifican. Parecen estar más interesados en generar un ambiente de confrontación, como en Oaxaca, que en preservar la imagen de su partido. Lo están exponiendo a que cada día más ciudadanos tachen a los perredistas de intolerantes e irrespetuosos de las instituciones.

ESTADO DE DERECHO ¿POR ENCIMA DE MAGISTRADOS Y CANDIDATOS?

En un Estado de Derecho, sostén de la democracia, ningún juez puede dictar una sentencia basado en apreciaciones personales, recomendaciones o presiones de las partes, sólo en la ley que rige el asunto sobre el que tiene que decidir. En un Estado de Derecho la ley está por arriba de la voluntad de los jueces, de los gobernantes y de los partidos políticos.

Aunque un juez piense que a un violador de menores se le debe capar o fusilar, si no está previsto en la ley, tiene que dictar sentencia dentro de los límites que le marcan las leyes. Lo mismo es válido para el Tribunal Federal Electoral. Los magistrados del TRIFE decidieron basados en las leyes electorales, no en lo que ellos quisieron o demandó algún candidato o manifestantes.

La ley electoral señala cuando procede un recuento de votos. En una elección pacífica y desarrollada conforme a las leyes electorales, donde estuvieron representados todos los partidos que compitieron, sólo califican para ser recontadas, en principio, las casillas impugnadas por algún partido. En aquellas donde los partidos firmaron las actas de conformidad, documentos que tienen la validez de un instrumento público, no pueden ser reabiertas ni son materia de análisis del tribunal electoral.

Las actas que pueden ser recontadas, según la ley electoral, son únicamente aquellas casillas impugnadas donde existan suficientes pruebas para justificar su recuento. Aunque dos de los principales candidatos pidan un nuevo conteo total, el tribunal no puede acceder, ya que la materia es de derecho público, no de derecho privado.

La petición de recontar todos los votos, por uno de los partidos que perdió, fue denegada porque carecía de fundamentos. Haberla aprobado hubiera significado desconocer la legitimidad de todo el proceso del domingo 2 de julio. Eso sólo es factible en principio por alguna causa grave, que ningún partido probó ni la vieron los 42.5 millones que votaron. No fueron presentadas en el tribunal pruebas de robo generalizado de casillas, introducción masiva de votos, compra de votos, intimidación a los votantes o algún tipo de fraude o violencia que haya alterado los resultados finales.

El mismo PRD imposibilitó un nuevo conteo total de votos al no impugnar donde ganó, sólo donde perdió. Algunos de los asesores de AMLO le recomendaron impugnar todas las casillas, pero los grupos perredistas que ganaron en el D.F. se opusieron, no quisieron, por alguna razón, que se impugnaran las casillas donde ganaron.

El TRIFE sólo podía ordenar recontar los votos en las casillas impugnadas donde existían presunciones, en base a pruebas, de presuntas irregularidades, tal como lo resolvió. Quien sostenga lo contrario desconoce las leyes electorales, lo que es un Estado de Derecho y la democracia.

RESISTENCIA DEL PRD ¿ANTIDEMÓCRATA E INCONGRUENTE?

Para que funcione una democracia es imprescindible que los diversos grupos políticos que aspiran al poder acepten las reglas para elegir a los gobernantes. Hay guerrilleros, como en Colombia, que no aceptan las reglas del juego democrático y luchan violentamente, al margen de la ley, contra las instituciones democráticas. Su actitud, aunque criticable, es congruente.

En México el partido de izquierda que perdió la presidencia, PRD, ha tomado una actitud claramente incongruente: reconocen las reglas del juego y las instituciones democráticas en la medida que les favorecen y las descalifican cuando les son adversas. Todos los diputados, senadores, delegados y jefe de gobierno perredistas ya aceptaron los puestos de elección popular obtenidos en las mismas casillas y en el mismo conteo de votos al que su ex candidato presidencial considera fraudulento.

Si fue ilegal la elección a los ojos del partido de izquierda, PRD, por una elemental congruencia no deberían haber aceptado ningún puesto derivado de esa elección. No es lógico ni ético sólo reconocer una elección para los puestos donde se ganó y desconocerla en donde se perdió, aunque sean los mismos quienes vigilaron y contaron los votos.

El doble discurso ha sido el común denominador del grupo radical que rodea al candidato perdedor de la izquierda. Consideraron una violación a la Constitución el impedir por un día el libre tránsito alrededor de la Cámara de diputados y ellos por meses lo han impedido en la Avenida Reforma. Dicen protestar pacíficamente y violentan los derechos de libre movimiento de cientos de miles de ciudadanos.

Dicen respetar la libertad de prensa pero insultan y descalifican a los medios que publican lo que no les parece. Dicen que les niegan el acceso a la prensa y el ex - candidato del PRD ha tenido más del doble de tiempo y espacios en los medios que el candidato ganador. Dicen que el gobierno federal ayudó al candidato del PAN con recursos y programas, sin aportar pruebas concretas, mientras todos los ciudadanos pueden ver las ayudas del gobierno perredista del D.F. a los plantones del PRD.

Dicen respetar la democracia y se la pasan insultando y descalificando a todas las instituciones que son base de la democracia. Al titular del ejecutivo no lo bajan de traidor, al del poder judicial, de estar al servicio de los privilegiados. Al IFE, de parcial y a los magistrados del TRIFE de aceptar dinero. Todas esas acciones y dichos dejan claro que no son demócratas y que si hubieran ganado no hubieran respetado el entorno democrático: la división de poderes, el gobierno limitado, la libertad de expresión y el Estado de Derecho.

TROSKISTAS ¿ESTRATEGAS DE LÓPEZ OBRADOR?

Los grupos troskistas, partidarios de la revolución permanente, eran buenos para las protestas, los enfrentamientos, los sabotajes, pero no para gobernar. Sus estrategias, compartidas con los stalinistas, fueron adoptadas por los radicales de izquierda en América Latina. En México, el subcomandante Marcos utilizó varias de las estrategias troskistas, como los llamados escudos humanos. Atacaron al ejército y colocaron indígenas con rifles de palo al frente para provocar víctimas y denunciar violaciones a los derechos humanos de los indígenas.

Los troskistas buscan mantener vivos sus movimientos creando las condiciones para que los repriman. No está lejano el día en que la protesta contra un supuesto fraude electoral quede en un segundo término y algún muerto, herido o detenido, que provoquen ellos mismos, pase a ser la principal bandera de protesta y exijan la destitución de algún alto funcionario del gobierno federal.

Una de las estrategias troskistas es pedir algo difícil de cumplir. Ellos sabían, como hemos explicado, que el voto por voto era jurídicamente imposible, pues no impugnaron todas las casillas. Otra es basar sus peticiones en cifras falsas. Escuché a un diputado perredista afirmar que su candidato ganó la elección por más de un millón de votos. AMLO, ha dicho que ganó por 2 millones de votos. Ni entre los mismos perredistas se ponen de acuerdo en los votos que según ellos sacaron de más.

Las personas más respetables que habían apoyado al candidato perredista y se mencionaban como miembros de su gabinete, si ganaba, como el rector de la UNAM, Dr. Juan Ramón de la Fuente, se han desligado de esas acciones y no aceptaron formar parte del “Comité Ciudadano”, que coordinaría las acciones de resistencia civil. Otros, como Carlos Monsiváis, que apoyaban incondicionalmente a López Obrador, han criticado los plantones y se han alejado del candidato perredista.

Esos espacios los han llenado radicales stalinistas y troskistas, que están como peces en el agua en las manifestaciones y bloqueos. Esos perredistas radicales como nunca han trabajado en algo productivo, le apuestan, como los troskistas del siglo pasado, a la revolución permanente. Por eso hablan de que pueden estar años en los plantones y en las protestas, para lo que necesitan recursos de algún gobierno, enfrentamientos y víctimas para mantener vivo su movimiento.

AMLO terminará como Marcos si persiste en continuar con las estrategias troskistas de la revolución permanente. Sólo quedarán a su alrededor los macheteros de Atenco, los del CGH, invasores profesionales, barzonistas radicales, extremistas internacionales, intelectuales de una izquierda del siglo pasado y los vividores de las revueltas.

LOS DINEROS DEL PRD

El PRD fue el partido que organizó más eventos masivos, el que tuvo la campaña más larga y el que transmitió el mayor número de anuncios en televisión, que son los más caros. Hay varias presuntas fuentes ilegales de financiamiento en la campaña del PRD, que le permitieron sumar millones de votos a su candidato. Una de ellas fue el uso electoral de los programas sociales durante los seis años del gobierno perredista.

Las llamadas “redes ciudadanas” repartieron con un criterio electoral casi todos los beneficios de los programas de ayuda a la vivienda. En las zonas populares, casa por casa y colonia por colonia, promotores del voto, algunos disfrazados de trabajadores sociales en la nómina de los gobiernos perredistas, ofrecían dinero o créditos para pintar, ampliar o construir viviendas como si fuera un apoyo del PRD.

En los plantones de Reforma, dirigentes perredistas confirmaron que quienes acuden a los plantones, que viven en delegaciones perredistas, acumulan puntos para adquirir viviendas. También se aplicaron criterios de compromisos electorales en el reparto de ayuda a los ciudadanos de la tercera edad, cuya presencia es notoria en las manifestaciones del ex candidato perredista.

Otras de las presuntas fuentes de recursos fue el “diezmo” de los contratistas de obras en el D.F. Más allá de la tesis del “complot”, la difusión de los “videoescándalos” mostró a importantes funcionarios de las delegaciones perredistas del D.F. y a operadores del candidato perredista, recibiendo dinero de un contratista para las campañas. Calcule el 10 o 15% de la mayoría de las obras en el D.F en seis años y tendrá una probable multimillonaria fuente de financiamiento de la campaña perredista.

Durante los gobiernos perredistas, los comerciantes callejeros aumentaron siete veces, de menos de 100 mil a más de 700 mil, la mayoría afiliados a organizaciones perredistas. Una sola cuadra de vendedores callejeros representa millones de pesos mensuales, parte de los cuales han ido a parar a la campaña del ex candidato perredista. Súmele también las cuotas sin recibo de miles de taxistas piratas.

Los perredistas acusan a los candidatos de los demás partidos de haber usado recursos públicos, cuando el desvío hacia su partido es conocido por muchos habitantes del D.F. Durante seis años el gobierno perredista dedicó la mayor parte de su tiempo a apoyar la campaña de su candidato a presidente, dejando en un segundo lugar sus funciones propias, como el garantizar la seguridad de los ciudadanos.

LOS PROGRAMAS DEL PRD

Algunos analistas piensan que el aumento de la votación del Partido de la Revolución Democrática fue debida a un programa que caló entre la mayoría de los mexicanos; por lo que consideran necesario incorporar dichos programas en la agenda nacional para sacar al país adelante. Partir de esas premisas es desconocer las verdaderas causas del avance perredista, que apuntan más a las características y proyección personal de un candidato que a un programa.

La campaña perredista no fue institucional sino caudilista, por ello muchos legisladores perredistas, en ausencia de un verdadero programa económico y político innovador y moderno, tienen miedo de desligarse del caudillo que les dio muchos votos.

Un partido institucional se fundamenta en principios permanentes y en un proyecto más allá de sus dirigentes o candidatos. Un partido caudillista es aquel que basa su principal fuerza en los atributos, discursos, carisma y promesas de una persona. Su fuerza radica principalmente en un caudillo, no en su estructura y objetivos permanentes.

Un análisis de los 50 puntos del programa del candidato del PRD, no nos permite identificar ningún cambio concreto, nuevo y trascendente que vislumbre un avance en la economía o una mejora de las instituciones democráticas. La mayor parte de los seis años de campaña presidencial del PRD estuvieron basadas en afirmaciones generales “lucha contra la corrupción”, “primero los pobres”, “acabar con los privilegios” y en una constante descalificación a personas e instituciones: tachar de traidor a Fox, de entreguista al presidente de la Suprema Corte, pero sin propuestas positivas claras. Se dicen de izquierda, pero nunca definieron de que tipo: ¿Cómo la que gobierna Inglaterra, Chile o la de Venezuela o Cuba?

El desafuero fue otro de los eventos que le dio una enorme publicidad y simpatizantes a AMLO, pero sin propuestas, solo la victimización, estrategia que le generó muchas simpatías. Si quitamos la política de darles una pensión a los ciudadanos de la tercera edad que, con un análisis de identificación de ingresos y de destinatarios, puede ser parte de la agenda del próximo gobierno, hay poco nuevo que se pueda tomar de las propuestas de campaña del PRD para buscar un México mejor.

Su propuesta económica consiste fundamentalmente en oponerse a la apertura eléctrica y energética, es decir, dejar esos sectores como están, sin competencia interna, como solamente funcionan en Corea del Norte y en México.

Económicamente hablando es difícil identificar alguna propuesta concreta en el discurso del ex candidato perredista más o menos viable para mejorar la competitividad, crear más empleos e incentivar el crecimiento. Combatir la pobreza está en la agenda de todos los candidatos, la diferencia es cómo se va instrumentar. Habló de terminar con los privilegios en una forma abstracta, pero contradice ese objetivo la decisión de mantener los privilegios monopólicos del Estado y de los gremios que dominan esos sectores.

La mayoría de las propuestas del ex-candidato perredista se ubican históricamente, no sólo en las propuestas populistas de los gobiernos de Echeverría y López Portillo, sino en una extrapolación ilógica de sucesos acontecidos a principios del siglo XX, durante la revolución mexicana, es decir, hace más de 90 años.

Hablar de una convención y una asamblea constituyente significa desconocer la cuota de anarquía, de sangre y de enfrentamientos que ya pagó el pueblo mexicano y que no es necesario repetir a estas alturas, pues el entorno jurídico y social es completamente diferente y la mayoría de los miembros de esta generación no la quieren volver a vivir.

El proyecto perredista de campaña fue caudillista, como lo fue el leninista o lo es actualmente el castrista o el chavista, apoyados en un líder, más que en instituciones o programas. Sin su caudillo, muchos perredistas sienten que tienen poco apoyo social, pero menos lo tendrán si sus legisladores se niegan al diálogo y a los acuerdos.

El 5 de septiembre, a unas horas de haber sido declarado Presidente Electo por el Tribunal Federal Electoral, Felipe Calderón, en su primera declaración con tal investidura, le abrió las puertas del diálogo a los ex candidatos que fueron sus adversarios en campaña, al decir:

“El proceso electoral ha terminado, llegó la hora de la unidad y de los acuerdos…”

“A los líderes políticos y sociales les digo que en mí encontrarán la total disposición para resolver las discrepancias que nos separan y encontrar de nuevo el camino que nos une”

Ojalá los perredistas radicales abandonen su intransigencia y acepten la mano que les tiende el presidente electo, Felipe Calderón.

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