LA CARRERA A LA PRESIDENCIA

Al analizar las posibilidades de triunfo de cada uno de los principales candidatos a la presidencia de la República, vemos que todavía la moneda está en el aire. Cualquiera de los tres principales puede llegar a la presidencia; sin embargo, hay tendencias y acontecimientos que nos pueden ubicar más sobre el posible desenlace de ese trascendente proceso electoral. Para comprender la penetración y aceptación de cada candidato es importante conocer desde cuando fueron identificados como tales.

Andrés Manuel López Obrador, del PRD, inició su campaña desde hace prácticamente 5 años. Sus conferencias mañaneras y gran parte de su actuación como Jefe de Gobierno del D.F. estaban encaminadas a darse a conocer y posesionarse como candidato. Aunadas esas estrategias al juicio del desafuero que le dio una gran publicidad, se mantuvo en las encuestas como el principal candidato a la presidencia el año pasado.

En el caso de Roberto Madrazo, candidato del PRI, la mayoría de los analistas lo ubicaban desde hace más de un año como el más probable candidato de ese partido. Los escándalos y descalificaciones entre los mismos priístas, que caracterizaron las elecciones internas en que llegó a la presidencia de su partido y después a candidato, le dieron notoriedad a nivel nacional, al igual que a López obrador el desafuero.

En el PAN todavía hasta octubre del año pasado no se sabía que Felipe Calderón sería el candidato a la presidencia, debido a que ese partido es el único con elecciones internas democráticas. En los otros dos partidos no hubo verdaderos procesos democráticos internos sino desplazamiento o anulación de los contrincantes.

El proceso democrático interno, paradójicamente, provocó que el candidato del PAN fuera el que saliera más tarde en la carrera hacia la presidencia. Otra paradoja es que la ausencia de escándalos de sus colaboradores o el hecho que no le han encontrado riquezas inexplicables, le han dado a Felipe Calderón una menor cobertura en los medios.

¿HACIA DONDE NOS LLEVARÍA CADA CANDIDATO?

Ahora que están los tres candidatos ya empiezan los ciudadanos a comprender que tendremos un México diferente con cada uno de ellos como presidente. Algunos afirman que el país se acabará si gana la izquierda con López Obrador, lo cual es falso. El país no se va acabar, gane el que gane; sin embargo, habrá retroceso o avance, según quien triunfe.

En el caso de Andrés Manuel López Obrador, candidato del PRD, a pesar del radicalismo de algunos sectores de su partido, no hay todavía una completa certeza de qué tipo de gobierno de izquierda sería: moderado, radical, populista. Parecido al de Lula en Brasil o como Chávez en Venezuela. Diversas organizaciones empresariales han manifestado su preocupación por la ausencia de un programa que defina y clarifique el tipo de izquierda que adoptará.

El anuncio del candidato perredista de que no realizará cambios estructurales indica, en caso de que triunfe, que el país seguiría perdiendo competitividad al no mejorar su sistema fiscal, laboral y negarse a abrir la electricidad y el petróleo a la inversión privada.

La posición de reabrir el Tratado de Libre Comercio, que ha generado cientos de miles de empleos y un superávit comercial con los Estados unidos, nos puede llevar a un retroceso en nuestro comercio exterior, ya que hay numerosos legisladores en los Estados Unidos que aprovecharían esa apertura del tratado para desarticularlo. Retrocederíamos 12 años. También preocupa de López Obrador los programas anunciados con tintes populistas, parecidos a los que en las décadas de los 70 y 80 generaron fuertes inflaciones y devaluaciones.

En el caso de Roberto Madrazo, candidato del PRI, preocupa su autoritarismo y los métodos para deshacerse de sus contrincantes, llámese Elba Esther Gordillo o Arturo Montiel. La percepción de que está dispuesto a todo con tal de alcanzar el poder y los fraudes denunciados en los procesos internos por los mismos priístas, inquieta a muchos sectores sociales. La ausencia de nuevos priístas con credibilidad social y las divisiones, pleitos y métodos de elección interna, le han restado simpatías al PRI entre el electorado.En el caso de Felipe Calderón, candidato del PAN, debido a que es el más nuevo entre los candidatos, falta conocimiento de sus programas y de su persona. Según Roy Campos, director general de Consulta Mitosfsky, hay 10 millones de electores que no identifican todavía a Felipe Calderón. Esa situación es una desventaja para ese candidato, pero también lo ubica como el que tiene mayor margen de crecimiento. A los otros ya los conocen y probablemente ya llegaron al máximo de sus preferencias.Calderón es considerado el único que no está ligado a los gobernantes del siglo pasado. Calderón tiene como una de sus principales metas volver competitivo al país e instrumentar las reformas necesarias para lograrlo. Es considerado práctico, sin dogmatismos ni odios.

La nueva generación, los jóvenes, en donde ha tenido mucha aceptación Calderón, lo ven como el candidato más limpio y menos ligado a grupos políticos del pasado y a ideologías obsoletas. Su debilidad es que mientras los otros dos candidatos tienen votos corporativos y clientelares, a quienes han dado privilegios y beneficios monetarios, la mayoría de los que votarán por el PAN y Calderón son ciudadanos independientes, que razonan el voto y acuden por su propio pie a votar. Si el porcentaje de ciudadanos que se presenten a las urnas el día de las elecciones es alto, Calderón tiene más posibilidades de ganar.

¿QUIÉN LOGRARÍA ACUERDOS?

En una reunión, cuenta uno de los que asistió, el Ing. Cuauhtémoc Cárdenas dijo que si ganaba Roberto Madrazo se presentarían problemas y desequilibrios, porque iba a tratar de perseguir y acabar con Andrés Manuel López Obrador. También señaló que si triunfaba Andrés Manuel López Obrador, iniciaría una campaña contra Madrazo y su grupo, lo que generaría desequilibrios y evitaría consensos en el país.

El único que garantiza -dicen que dijo el Ing. Cuauhtémoc Cárdenas- mantener el equilibrio en el país, es Felipe Calderón, ya que no tiene rencores ni odios contra los otros dos candidatos. Madrazo y López Obrador son viejos enemigos y sus diferencias son personales, profundas y van más allá de una lucha electoral.

No nos consta que sean del Ing. Cuauhtémoc Cárdenas esos juicios, pero independientemente de que él los haya dicho, son válidos y dignos de tomarse en cuenta en un panorama electoral en el que el ganador lo será por muy poco margen. Quien sea de los tres, necesitará de sus opositores para mantener los equilibrios económicos, políticos y aterrizar los cambios que necesita el país.

El PRI y el PRD tienen un origen común. López Obrador y la mayoría de quienes lo rodean son ex priístas, que por no haber sido nombrados candidatos se separaron del PRI. Por ello el PRD no es visto por los analistas como una nueva opción sino, al igual que el PRI, un regreso al pasado.

Con base en las encuestas se espera un congreso dividido. Los tres principales partidos alcanzarán una representación parecida. Quien llegue a la presidencia tendrá que concertar alianzas con sus opositores. Calderón, como líder de la bancada panista en la Cámara de Diputados del 2000 al 2003, concertó alianzas con los dos principales partidos opositores. Logró dos presupuestos por unanimidad, no vistos en los 20 años anteriores y un presupuesto aprobado por el 89% de los diputados que votaron.

LAS ENCUESTAS

En las encuestas del año pasado, cuando todavía no estaban definidas todas las candidaturas y en ausencia de competidores claramente identificados, el candidato del PRD, López Obrador, llegó al máximo de sus preferencias. Una vez identificados los otros dos candidatos ha bajado en casi todas las encuestas.

En el caso del candidato del PRI, Roberto Madrazo, aumentó modestamente cuando fue designado y se ha estacionado en el voto duro de ese partido. Es difícil que suba. El candidato del PAN, Felipe Calderón, es quien ha ganado más preferencias desde su nombramiento. Si se mantienen esas tendencias y se da a conocer más, puede ubicarse como el ganador de la contienda el próximo 2 de julio.

No hay nada seguro, todavía el 30% de los votantes potenciales no decide, según algunas encuestas, por qué candidato votar. El triunfo dependerá del comportamiento de cada candidato en los próximos meses: debates, declaraciones y percepciones.

Ojalá más mexicanos decidan votar y razonen su decisión antes de cruzar un nombre y un partido, pues de la elección del 2 de julio dependerá que volvamos al pasado o consolidemos la democracia y avancemos hacia una economía competitiva.

Los mercados y los inversionistas no perdonan retrasos ni negativas a eficientar el entorno jurídico, el cual les sirve de referencia para decidir en que país invertir, crear empleos e incentivar el crecimiento.

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