FOX Y CHÁVEZ
Luis Pazos(*)
Atrás del enfrentamiento verbal entre el Presidente Fox de México y el Presidente Chávez de Venezuela en el 2005, se encuentran dos caminos que han tomado diversos países para salir de la pobreza.
Uno de esos caminos es el llamado despectivamente por sus detractores “neoliberalismo”, que en realidad es un intento de liberar las economías del estatismo y proteccionismo que predominó el siglo pasado en Iberoamérica.
Las principales características de ese “modelo” en las relaciones externas son la apertura comercial y la promoción de tratados de libre comercio. Internamente el respeto a la propiedad privada, la desregulación, la tendencia a mantener un orden presupuestal que conserve baja la inflación, estimule la inversión y el empleo en el sector privado.
El otro camino es el denominado populista o de izquierda nacional socialista, que ya vivieron la mayoría de los países Iberoamericanos el siglo pasado, se presenta nuevamente como atractiva alternativa para ganar elecciones.
Las características del populismo son una retórica contra los países ricos, expropiaciones, enfrentar pobres contra ricos, un proteccionismo selectivo y mantener al Estado como principal capitalista.
En el populismo se enarbola constantemente la bandera de la lucha contra la pobreza y la “concentración de la riqueza en unos cuantos”, para justificar la monopolización del poder económico y político en manos del grupo gobernante.
Independientemente de los términos y posiciones ideológicas con que se identifican esos “modelos”, es importante analizar sus resultados reales. Uno de ellos, el de la apertura, funciona en Chile, más allá de las etiquetas de sus gobernantes. Esa alternativa socioeconómica colocó a Chile como el de mayor éxito socioeconómico y de incremento de los niveles de vida en las últimas décadas en Iberoamérica.
El proyecto de apertura con participación privada creciente, con sus matices, también está detrás del éxito exportador de China. Ese país subdesarrollado es actualmente el de mayor crecimiento en el mundo, gracias a la implementación de las políticas llamadas neoliberales, aunque oficialmente sigan diciéndose socialistas.
En México, después de fuertes crisis desatadas por regímenes populistas, se empezó a instrumentar en la década de los 90 la apertura comercial y la liberación de la economía. A partir del año 2000 el Presidente Vicente Fox ha tratado de mejorar y consolidar ese camino, además de la democracia.
El otro camino, el populista, tiene como principal representante al régimen del Presidente Hugo Chávez, quien llegó al poder en Venezuela en 1999.
México y Venezuela son ejemplo de la alternativa de organización socioeconómica que está en el horizonte de Iberoamérica. Dichos países tienen en común el petróleo y son beneficiarios de sus altos precios.
RESULTADOS
El proyecto mexicano, proclive al libre comercio y a la apertura, redujo la participación de las exportaciones petroleras en su comercio exterior de un 68.5% en 1982 a un 12.6% en el 2004. En Venezuela en 1982 el petróleo significaba el 94.2% de su comercio exterior; en el 2004, 81.2%. Venezuela sigue siendo mono-exportador, mientras México ya diversificó su comercio exterior.
Durante el periodo de 1998 a 2004, la deuda externa de México se redujo en un 13.2%; mientras en Venezuela se incrementó en 34.3%.
El peso mexicano de 1998 a 2005 se devaluó en un 16%. En Venezuela el bolívar se devaluó en el mismo período un 292%.
El crecimiento económico acumulado en México de 1998 a 2004 fue del 17.5%; en Venezuela del 0%, no hubo crecimiento.
La formación bruta de capital fijo aumentó en México en 21.3% de 1998 a 2004; en Venezuela, cayó en 27.2%.
Según la ONU de 1997 a 2003 el Producto per cápita en México aumentó en 9.5%; en Venezuela bajó un 45%.
De 1998 a 2004 el número de hogares en extrema pobreza aumentó en Venezuela un 4.5%. En México disminuyeron en 49%.
En el 2004 la tasa de desempleo en Venezuela fue del 13.9%; en México, del 3.8%.
La inflación anual en México en el 2005 fue de 3.3%; en Venezuela, del 16%.
Con base en resultados y no en retóricas demagógicas o promesas electorales de terminar con la pobreza, debemos valorar cuál es el mejor entorno socio económico para que millones de iberoamericanos tengan más oportunidades de salir de la miseria en un ambiente de estabilidad económica, libertades políticas y cooperación internacional.
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