Nacionalismo económico

Cito, de su texto Lo que se ve y lo que no se ve, a Federico Bastiat: “En el ámbito económico, un acto, un hábito, una institución, una ley, no producen sólo un efecto, sino una serie de efectos. De estos únicamente el primero es inmediato y dado que se manifiesta a la vez que su causa, lo vemos. Los demás, como se desencadenan sucesivamente, no los vemos, bastante habrá con preverlos”.

Lo anterior viene a cuento porque hace unos días, vía su cuenta de Twitter, Ricardo Muñoz Zurita apuntó: “Me parece ridículo e inmoral estar tomando café importado, siendo México un productor de café, chiapas (sic), Oaxaca y veracruz (sic) son solo ejemplos. Pero nos encanta importar para pagar el sobre precio y hacer rico a otro país. El café mexicano es excelente”, apunte que da para hacer, entre otras muchas, la crítica al nacionalismo económico, que entre líneas defiende Muñoz Zurita, nacionalismo económico que parte de la creencia de que lo correcto es consumir lo hecho en el país, ¡por haber sido hecho en el país!, con la ventaja, en el caso del café, ¡siempre según el gusto de Muñoz Zurita!, de que el mismo es excelente.

Por falta de espacio, nada más tres aclaraciones.

  1. I) El valor de las mercancías (cualquier bien o servicio producido con la intención de venderlo) es subjetivo, dependiente de las necesidades y gustos del consumidor, nunca objetivo, dependiente de las cualidades del bien o servicio del que se trate. Esto lo expresa claramente el dicho popular: “En gustos se rompen géneros”. El café mexicano es excelente para Muños Zurita y puede no serlo para mí.
  2. II) Se debe consumir aquello que, satisfaciendo adecuadamente necesidades (por ejemplo: comer) y gustos (por ejemplo: tacos al pastor), se nos ofrezca con la trilogía de la competitividad, a menor precio, y/o con mayor calidad, y/o con mejor servicio, independientemente de dónde se produjo, en el país o en el extranjero, trilogía de la competitividad que es condición necesaria para minimizar la escasez y aumentar el bienestar.

III) Si la riqueza consiste en los bienes y servicios con los que satisfacemos nuestras necesidades y gustos, al importar café importamos riqueza, volviéndonos nosotros más ricos, capaces de satisfacer mejor nuestras necesidades y gustos de café. Nosotros (compradores/importadores) recibimos riqueza. Ellos (exportadores/vendedores) dinero, que es el medio de intercambio de la riqueza, pero no riqueza.

Supongamos que, inspirado por Muñoz Zurita, el gobierno prohíbe importar café. ¿Cuáles serían, en términos de Bastiat, los efectos que ello generaría? ¿Quiénes ganarían en el corto plazo y quienes perderían en el largo? La ganancia de los primeros (productores nacionales de café), ¿justificaría la pérdida de los segundos (consumidores nacionales de café)?

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Twitter: @ArturoDammArnal