En Oaxaca, un gobernador priísta le dio recursos a una agrupación de profesores radicales de izquierda para apoderarse de una sección del sindicato de maestros, debido a que tenía pleito con la líder de ese sindicato. Ese grupo, que controla la sección 22 del SNTE, cierra carreteras, escuelas y apedrea comercios impunemente y ha “mordido” hasta al mismo partido que lo creó. Los de la Sección 22 del SNTE son patrocinados, según acusan los panistas oaxaqueños, por el PRI en este período electoral.
Otro Frankestein priísta es el grupo de los ”400 pueblos”, que venden sus servicios a quien le pague. Hace poco en el Estado de Veracruz rodearon al candidato panista a la gubernatura durante una reunión con mujeres y los mantuvieron secuestrados por más de tres horas. Los panistas señalaron al PRI como su patrocinador y denunciaron la pasividad de las autoridades estatales ante esa agresión.
Como en el narcotráfico, en la política hay sicarios que están al servicio del mejor postor, dispuestos a chantajear a un gobierno con marchas y plantones si no les dan dinero o perjudicar a quien sea, si les dan dinero para hacerlo. Es preocupante que a estas alturas del siglo XXI algunos gobiernos estatales priístas sigan utilizando grupos de sicarios de la política en épocas electorales para hostigar a los candidatos de otros partidos.
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