Desde esas trincheras ha utilizado todos los recursos humanos y financieros a los que tiene acceso en esos cotos de poder, y ha luchado en los últimos diez años por la reconquista de la Presidencia de la República.
Con la excusa de que son estados libres y soberanos, muchos gobernadores priístas mantienen ejecutivos locales absolutistas que controla congresos, a las autoridades electorales y a los organismos de transparencia. En las elecciones en varios estados priístas, como es el caso de Veracruz, hay derroches, compra de votos y rebases en los gastos de campaña, igual o peor que el siglo pasado.
Los candidatos del PRI cuentan con recursos de sobra. Los grandes proveedores y recolectores de recursos son los gobiernos estatales priístas. Los candidatos del PAN, del mismo partido que el Presidente de la República, tienen recursos muy limitados, pues el Gobierno Federal en un entorno democrático moderno no les transmite dinero ni les pasa la charola a proveedores, sindicatos y empresarios a cambio de privilegios, como lo hacen algunos gobiernos estatales priístas.
El resultado, candidatos del PRI ricos, con recursos de sobra en las elecciones estatales y candidatos del PAN pobres, con recursos muy limitados y en franca desventaja con los priístas, cuyo lema es “vamos por todo y con todo”.
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