La crisis recesiva que se inició en el 2008, caracterizada por una caída de la demanda de bienes y servicios, fue debida principalmente a la contracción del consumo en los EUA. Esa caída fue compensada en dicho país por un aumento en el gasto público y en el déficit presupuestal. Algunos países imitaron las políticas norteamericanas sin tener una fabriquita de dólares.
En México, el Gobierno Federal planteó una reducción de gastos y un aumento de impuestos para enfrentar la crisis recesiva sin incrementar el déficit presupuestal. El Gobierno Federal envió al Congreso un proyecto para reducir secretarías y dependencias e implementar un impuesto generalizado al consumo. Aunque el Congreso por cuestiones políticas modificó la iniciativa, aprobaron un incremento de impuestos que, aunque no era el correcto, mantuvo a las finanzas públicas relativamente sanas.
En Grecia siguieron el camino fácil, en el 2009 incrementaron el déficit presupuestal a 13.6% del PIB, mientras en México, al 2.3%. La deuda gubernamental alcanzó en Grecia el 115% del PIB, en tanto en México sólo el 34% del PIB. En 2010 los griegos tienen que realizar un ajuste mayor al que se realizó en México en el 2009, para darle viabilidad y credibilidad a su economía.
En el 2010 la economía mexicana crecerá más del 4%, mientras la griega caerá en más del 4%. Esos hechos demuestran que lo solicitado al Congreso el año pasado por el Presidente Felipe Calderón y el Secretario de Hacienda, en ese entonces, Agustin Carstens, era lo correcto y que quienes le apostaban a un mayor déficit presupuestal, estaban equivocados.
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