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Historia de un contribuyente (como muchos) Imprimir E-mail
Escrito por Arturo Damm Arnal   
El contrato, y su cumplimiento, le valieron a mi amigo una cierta cantidad de dinero, a manera de honorarios por el trabajo realizado, que tuvo como consecuencia que en el mes en el que se le pagó sus ingresos resultaron 91.5 por ciento mayores que los obtenidos, en promedio, los doce meses anteriores. Sin duda alguna a mi amigo, desde el punto de vista pecuniario, le convino el trato con el banco comercial. Sí, pero…

Repito: el trabajo realizado y entregado le valió a mi amigo, en un determinado mes, prácticamente el doble de los ingresos que, en promedio, obtuvo durante los doce meses anteriores, ingresos que, según me informa, fluctuaron poco, pudiendo considerarse, para todo efecto práctico, constantes, cantidad sobre la cual, de pronto, recibió un 91.5 por ciento más, lo cual, obviamente, no estuvo mal. Sí, pero…

¿Por qué el pero? ¿Por qué cree usted? ¿Por los impuestos? ¡Correcto! ¡Por los impuestos que, cuando del ingreso se trata, siguiendo en ello al pie de la letra lo propuesto por Marx y Engels (véase la parte final del Manifiesto comunista), en México se cobran de manera progresiva, de tal manera que a mayor ingreso generado mayor porcentaje expoliado!

Vuelvo al caso de mi amigo. En el mes en cual se le pagó por el trabajo realizado, su ingreso resultó 91.5 por ciento mayor que su ingreso promedio de los doce meses anteriores. ¿Qué pasó con el pago de sus impuestos? ¡Que resultó 192.5 por ciento mayor que el promedio de impuestos pagados durante los doce meses anteriores, todo por obra y gracia de la tasa progresiva con la que se calcula y se cobra el impuesto sobre la renta, tasa que el año pasado llegó hasta el 28 por ciento y que este año alcanza los 30 puntos porcentuales!

En pocas palabras: en un determinado mes el ingreso de mi amigo resultó 91.5 por ciento mayor que lo normal, pero su pago de impuestos terminó siendo 192.5 por ciento mayor que lo habitual, por lo cual todos los defensores de la justicia social han de estar jubilosos, al tiempo que los defensores de la justicia sin mayores adjetivos (que es la única que verdaderamente existe) han de estar indignados, tal y como lo está mi amigo, a quien no le queda, mientras los legisladores no entren en razón, más que pagar al grito de ¡Viva la expoliación legal!
 

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