Atrás de la baja calificación a EUA

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Las crisis financieras en varios países de Europa y en los Estados Unidos tienen su origen en políticas populistas de sus gobernantes. En el afán de ganar votos y de que sus partidos conserven o recuperen el poder, gastan por arriba de su nivel de ingresos. Engañan a sus ciudadanos al hacerles creer que pueden hacer más sin aumentar impuestos, mediante endeudamientos irresponsables, cuyas consecuencias están ya a la vista.
En Estados Unidos la crisis del 2009 reventó la burbuja creada por algunos legisladores, quienes obligaron a las principales hipotecarias, creadas por el gobierno, a prestar un porcentaje de su cartera a quienes no tenían capacidad de pago (véase el libro “La crisis y como librarla” de Editorial Diana). Cada día los compromisos del gobierno de los EUA: pensiones, burocracia, ejército, seguro de desempleo y médico, entre otras ayudas a los ciudadanos, abultan más el gasto público.
En Europa, algunos países, como Grecia e Italia, violaron un tratado en donde se comprometían a mantener límites en sus déficits presupuestales.
En México, el siglo pasado, las devaluaciones e inflaciones fueron consecuencia de un excesivo gasto del gobierno federal de esos tiempos. Todavía en varios estados de la República hay un excesivo gasto y endeudamiento. Mientras la deuda federal se ha reducido en relación al PIB, la de varios estados ha crecido irresponsablemente.
También han sido responsables de esas crisis los ciudadanos, sindicatos, centrales campesinas, partidos políticos y grupos empresariales, que presionan a los gobiernos con mayores presupuestos, pensiones y subsidios, que incrementan déficit, deudas o impuestos.
La baja de calificación a los EUA significa que ese país va a jalar menos nuestra economía, por lo que nosotros tenemos que empujar más, para lo que es necesario aprobar reformas laborales, fiscales y energéticas que, por estrategias electorales, han boicoteado en la última década algunos partidos políticos.

Las crisis financieras en varios países de Europa y en los Estados Unidos tienen su origen en políticas populistas de sus gobernantes. En el afán de ganar votos y de que sus partidos conserven o recuperen el poder, gastan por arriba de su nivel de ingresos. Engañan a sus ciudadanos al hacerles creer que pueden hacer más sin aumentar impuestos, mediante endeudamientos irresponsables, cuyas consecuencias están ya a la vista.

En Estados Unidos la crisis del 2009 reventó la burbuja creada por algunos legisladores, quienes obligaron a las principales hipotecarias, creadas por el gobierno, a prestar un porcentaje de su cartera a quienes no tenían capacidad de pago (véase el libro “La crisis y como librarla” de Editorial Diana). Cada día los compromisos del gobierno de los EUA: pensiones, burocracia, ejército, seguro de desempleo y médico, entre otras ayudas a los ciudadanos, abultan más el gasto público.

En Europa, algunos países, como Grecia e Italia, violaron un tratado en donde se comprometían a mantener límites en sus déficits presupuestales.

En México, el siglo pasado, las devaluaciones e inflaciones fueron consecuencia de un excesivo gasto del gobierno federal de esos tiempos. Todavía en varios estados de la República hay un excesivo gasto y endeudamiento. Mientras la deuda federal se ha reducido en relación al PIB, la de varios estados ha crecido irresponsablemente. También han sido responsables de esas crisis los ciudadanos, sindicatos, centrales campesinas, partidos políticos y grupos empresariales, que presionan a los gobiernos con mayores presupuestos, pensiones y subsidios, que incrementan déficit, deudas o impuestos.

La baja de calificación a los EUA significa que ese país va a jalar menos nuestra economía, por lo que nosotros tenemos que empujar más, para lo que es necesario aprobar reformas laborales, fiscales y energéticas que, por estrategias electorales, han boicoteado en la última década algunos partidos políticos.

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