Durante muchos años se justificó el monopolio estatal del petróleo con argumentos de que había que preservar la soberanía y la independencia. Desde las escuelas se les enseñaba a los niños que el petróleo era de todos y así había que mantenerlo.
Ese mito, más que servir para preservar nuestra soberanía e independencia, generó un enorme endeudamiento externo, una mayor dependencia de los Estados Unidos debido a la creciente importación de gasolinas y, lo más grave, convirtió a PEMEX en un caldo de cultivo de corrupción, que es la verdadera causa por la que los corruptos impiden se abra ese sector a la competencia.
El sindicato de esa institución es uno de los principales beneficiarios del monopolio, también seudoempresarios - intermediarios, que “coyotean” contratos y licitaciones. Esos grupos son los principales interesados en que PEMEX no se abra a la competencia y tienen a sus fieles guardianes del monopolio en el Congreso, legisladores que pertenecen a un partido político que a cambio recibe del sindicato y de los contratistas mafiosos, millones de pesos para mantener a PEMEX en un monopolio en donde su ineficiencia y desorden administrativo les permita “servirse con la cuchara grande”.
Se ha institucionalizado en PEMEX un “maridaje” entre sindicato-PRI para asegurarse que el Congreso no abrirá a PEMEX a la competencia y competitividad. La empresa cada vez le cuesta más a los contribuyentes, es menos eficiente, pero deja enormes ganancias a las mafias, al sindicato y a un partido político, que no le importa que perdamos competitividad internacional en materia energética, mientras esos grupos los apoyen con recursos financieros y humanos en campañas electorales.
Durante muchos años se justificó el monopolio estatal del petróleo con argumentos de que había que preservar la soberanía y la independencia. Desde las escuelas se les enseñaba a los niños que el petróleo era de todos y así había que mantenerlo.
Ese mito, más que servir para preservar nuestra soberanía e independencia, generó un enorme endeudamiento externo, una mayor dependencia de los Estados Unidos debido a la creciente importación de gasolinas y, lo más grave, convirtió a PEMEX en un caldo de cultivo de corrupción, que es la verdadera causa por la que los corruptos impiden se abra ese sector a la competencia.
El sindicato de esa institución es uno de los principales beneficiarios del monopolio, también seudoempresarios - intermediarios, que “coyotean” contratos y licitaciones. Esos grupos son los principales interesados en que PEMEX no se abra a la competencia y tienen a sus fieles guardianes del monopolio en el Congreso, legisladores que pertenecen a un partido político que a cambio recibe del sindicato y de los contratistas mafiosos, millones de pesos para mantener a PEMEX en un monopolio en donde su ineficiencia y desorden administrativo les permita “servirse con la cuchara grande”.
Se ha institucionalizado en PEMEX un “maridaje” entre sindicato-PRI para asegurarse que el Congreso no abrirá a PEMEX a la competencia y competitividad. La empresa cada vez le cuesta más a los contribuyentes, es menos eficiente, pero deja enormes ganancias a las mafias, al sindicato y a un partido político, que no le importa que perdamos competitividad internacional en materia energética, mientras esos grupos los apoyen con recursos financieros y humanos en campañas electorales.