Nadando de muertito ¿hasta cuando? segunda de tres partes

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En el primer artículo de esta serie escribí que reconocer plenamente, definir puntualmente y garantizar jurídicamente la libertad individual y la propiedad privada da como resultado la mayor competencia posible en todos los sectores de la producción y en todos los mercados, y que la competencia es la condición de la competitividad, clave del progreso económico. Libertad, propiedad y competencia son tres ingredientes indispensables del progreso económico, mismo que en México deja mucho que desear. ¿Por qué? Porque la libertad, la propiedad y la competencia dejan, de entrada, mucho que desear.
Según el Índice de Libertad Económica 2010, calculado y publicado por la Fundación Heritage, en materia de libertad económica México ocupa, entre 179 países, el lugar 41, con una calificación, en escala de 0 a 10, de 6.8. Ese lugar y esa calificación hacen de la mexicana una economía relativamente libre, teniendo como vecinos, por debajo, a Kuwait, Omán e Israel y, por arriba, a Armenia, Qatar y Barbados.

Según el Indice Internacional de Derechos de Propiedad 2010, calculado y publicado por la Alianza por los Derechos de Propiedad, en materia de derechos de propiedad México ocupa, entre 125 naciones, la posición 72, con una calificación, en escala de 0 a 10, de 4.7, teniendo como vecinos, por debajo, a Malawi, Burmina Faso y Benin y, por arriba, a Croacia, Mali y El Salvador.

Por último, según el índice de Competitividad Global 2009 – 2010, calculado y publicado por el Foro Económico Mundial, en materia de competitividad, definida como la capacidad de un país para atraer, retener y multiplicar inversiones directas,  que son las que crean empresas, producen bienes y servicios y generan empleos, México se sitúa, entre 133 naciones, en el lugar 60, con una calificación, nuevamente en escala de 0 a 10, de 6.0, teniendo como vecinos, por debajo, a Turquía, Montenegro y Rusia y, por arriba, a Panamá, Hungría y Mauricio.

Los resultados en materia de libertad económica, propiedad y competitividad (resultado del grado de competencia que haya) se pueden resumir en una sola palabra, mediocridad, que es la cualidad de mediocre, siendo tal todo aquello de calidad media, todo aquello de poco mérito, todo lo que tira a malo o, dicho en términos coloquiales, todo lo que nada de muertito.

¿Qué se requiere para salir de la mediocridad? Los cambios en las reglas del juego, es decir, en el marco institucional de la economía, con el fin de que se reconozcan plenamente, definan  puntualmente y garanticen jurídicamente la libertad individual para trabajar, emprender, invertir, producir, ahorrar, distribuir, intercambiar y consumir, y la propiedad privada sobre los ingresos, el patrimonio y los medios de producción, libertad individual y propiedad privada que son los requisitos para lograr, en todos los sectores de la producción, y en todos los mercados de bienes y servicios, la mayor competencia posible, que a su vez es la condición para conseguir la mayor competitividad posible, que se traduce en menores precios, mayor calidad y mejor servicio, trilogía que forma parte del progreso económico.

Continuará.

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