contrarreforma insitucional

¿Contrarreforma institucional?

El desempeño de la economía depende más de las instituciones (reglas del juego, comenzando por las normas jurídicas), que de las políticas económicas (medios utilizados por el gobierno para modificar los resultados de los mercados, consecuencia de los acuerdos entre oferentes y demandantes).

Ejemplo de políticas económicas son las políticas de precios, con las cuales el gobierno modifica el precio al que oferente y demandante están dispuestos a intercambiar (precio de mercado), imponiendo un precio por debajo (precio máximo) o por arriba (precio mínimo), generando escasez (precio máximo) o sobreoferta (precio mínimo), distorsionando el mercado.

Cito a Douglas C. North: “Las instituciones son las reglas del juego en una sociedad o, más formalmente, las limitaciones ideadas por el hombre que dan forma a la interacción humana (…) El cambio institucional conforma el modo en que las sociedades evolucionan a lo largo del tiempo, por lo cual es la clave para entender el cambio histórico (…) Es innegable que las instituciones afectan el desempeño de la economía (…) (y) el desempeño diferencial de las economías a lo largo del tiempo está influido fundamentalmente por el modo en que evolucionan las instituciones”.[1]

Las dos rondas de reformas estructurales, las del sexenio de Salinas de Gortari (autonomía del Banco de México, TLC, privatizaciones, por citar las más importantes), y las del gobierno de Peña Nieto (telecomunicaciones, competencia, financiera, laboral y energética, [no incluyo la fiscal porque no fue reforma sino contrarreforma]), lo que hicieron fue modificar el marco institucional en esas áreas de la economía con una triple intención: lograr mayor estabilidad (menor inflación), mayor competitividad (para atraer más inversiones directas), y mayor crecimiento económico (que depende de las inversiones directas, dando como resultado una mayor producción de bienes y servicios, una mayor creación de empleos, y una mayor generación de ingresos).

Dado que con las reformas estructurales se modificó el marco institucional de la economía se les debe llamar reformas institucionales mismas que, en términos generales, tanto las de Salinas de Gortari como las de Peña Nieto, apuntaron en la dirección correcta. El problema, con muchas de ellas, es que se aplicaron a medias y/o de mala manera, por lo que los resultados, sobre todo en términos de crecimiento de la economía, han dejado mucho que desear. ¿Cómo subsanarlo? Aplicándolas correctamente, corrigendo sus excesos y defectos, no eliminándolas para regresar al marco institucional anterior, tal y como ya está sucediendo con la reforma energética.

¡Cuidado con la contrarreforma institucional!

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Twitter: @ArturoDammArnal

 

[1] North, Douglas C.; Instituciones, cambio institucional y desempeño económico; FCE; México; 2006.

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