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Ante un régimen corrupto y represivo, dirigido por Fulgencio Batista, los cubanos vieron con buenos ojos la llegada al poder de Fidel Castro, quien prometió convocar a elecciones en un año. Algunos analistas advirtieron de sus ideas marxistas-leninistas y del peligro de convertir a Cuba en una dictadura; pero la mayoría pensó que los EUA nunca permitirían un régimen comunista a unos kilómetros de su territorio. Tres generaciones han pagado con miseria, escasez y reducción drástica de sus niveles de vida, el cálculo equivocado sobre hasta dónde llegaría el gobierno castrista.



En Venezuela, ante dos partidos desgastados, estatistas, medio socialistas y corruptos, les pareció un buen cambio a la mayoría de los venezolanos la llegada a la presidencia de Chávez, quien prometió terminar con la pobreza y la corrupción. Nunca pensaron que él y sus colaboradores, asesorados por cubanos castristas, fueran capaces de expropiar cientos de miles de propiedades rurales y de empresas, sin mediar ningún juicio, solo la sentencia de Chávez: “exprópiese”. Establecieron controles en toda la economía, confiscaron medios de comunicación y limitaron la libertad de expresión. Posicionaron al gobierno socialista de Venezuela entre los más corruptos y represivos del mundo. Tampoco se imaginaron que con uno de los mayores niveles de vida de Iberoamérica y las reservas petroleras más grandes del mundo, se convirtieran en el país con mayor escasez de alimentos, medicinas y la más alta inflación y devaluación.

La mayoría de los mexicanos piensan que México no es Cuba ni Venezuela, y que aquí no pasará lo mismo, gane quien gane las elecciones del 2018. Muchos ya están cansados de la “cleptocracia” priista y escogerán entre los candidatos de los partidos de oposición. Y si el PAN se divide es muy probable que el partido ganador sea Morena, donde militan muchos que ven al gobierno de Venezuela como un ejemplo a seguir y apoyan pública o calladamente, las acciones represivas y antidemocráticas de Maduro, heredero de Chávez.

México, que ya ha puesto en práctica políticas socialistas, puede regresar a formas más radicales de colectivismo, de centralización del poder y estatización de la economía, si la mayoría sigue pensando que en nuestro país no puede pasar lo mismo que en Venezuela.

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